INTERROGANTE: ¿ESTAMOS CONFESANDO NUESTROS PECADOS?
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR
“Si el que peca inadvertidamente es alguien del pueblo, e incurre en algo que los mandamientos del Señor prohíben, será culpable. Cuando se le haga saber que ha cometido un pecado, llevará como ofrenda por su pecado una cabra sin defecto” (Vers. 27, 28).
COMENTARIO HISTÓRICO - CAPÍTULO 4 DE LEVÍTICOS
El pecador tenía que comprender que para que sean perdonados sus pecados, debía sacrificar un animal y por fe, creer que el sacrificio de Cristo consumaría el perdón. Se presenta cuatro jerarquía de pecadores, porque a mayor conocimiento, mayor responsabilidad pecaminosa: 1) El sacerdote, quien era un mediador típico, cuando pecaba, tenía que ofrecer una animal costoso: un becerro de tres años; 2) Si todo el pueblo pecaba, también debía ofrecerse un becerro, solo que los ancianos o jefes de las tribus, como representantes del pueblo, pondrían sus manos sobre la cabeza de la víctima para confesar el pecado; 3) Cuando pecare un príncipe o jefe tribal, debía ofrecer un macho de cabrío; 4) Si una persona del común del pueblo pecaba, debía ofrendar una cabras o una ovejas. En conclusión, el énfasis en esta sección es que todos somos pecadores. Y todos los casos, el pecador era quien debía matar al animal: “El pecador arrepentido traía su ofrenda a la puerta del tabernáculo, y colocando la mano sobre la cabeza de la víctima, confesaba sus pecados; así, en un sentido figurado, los trasladaba de su propia persona a la víctima inocente”. (CS 36).
CITA SELECTA - EDIFICACIÓN DEL CARACTER, P.88
“Muchos de los que están buscando con sinceridad la santidad de corazón y la pureza de vida parecen perplejos y desanimados. Están constantemente mirándose a sí mismos, y lamentando su falta de fe; y debido a que no tienen fe sienten que no pueden aspirar a las bendiciones de Dios. Estas personas confunden el sentimiento con la fe. Miran por encima de la sencillez de la verdadera fe, y así traen grandes tinieblas sobre sus almas. Deben volver su mirada de sí mismos, y espaciarse en la misericordia y la bondad de Dios, repasando sus promesas, y entonces sencillamente creer que él cumplirá su palabra. No hemos de confiar en nuestra fe, sino en las promesas de Dios. Cuando nos arrepentimos de nuestras transgresiones y resolvemos prestar obediencia en el futuro, debemos creer que Dios, por causa de Cristo, nos acepta y perdona nuestros pecados” (ECFP 88).
ORACIÓN
PADRE ETERNO, CONFESAMOS ANTE TU TRONO CELESTIAL, QUE SOMOS PECADORES Y QUE HEMOS ESTADO TRANSGREDIENDO TU LEY. ACEPTAMOS A CRISTO COMO EL CORDERO QUE QUITA NUESTROS PECADOS. POR JESÚS, AMÉN.